¨La necesidad de una expresión
monumental en arte y arquitectura ha existido y se ha resuelto siempre en todas
las civilizaciones¨
Sigfried Giedion
Ahora que
Habitat III de alguna manera está
sirviendo para despertar el debate sobre ciertos temas, aunque sea solamente en
reducidos círculos que se interesan por el urbanismo y el futuro de la ciudad
en el Ecuador, para comprender ciertos
hitos históricos y conceptuales que debieran influir a su vez en la pautas que
dan carácter a una obra arquitectónica o que configuran un espacio público o
emblemático, es justo y necesario aprovechar el momento para lanzar una crítica al historicismo
eurocentrista arquitectónico.
Empezaremos
por el contexto histórico en que vivimos: la Constitución Ecuatoriana del 2008
estrena un concepto totalmente innovador en la legislación mundial, al plantear
los derechos de la Naturaleza. Otro principio incorporado a la C.2008 tiene que
ver con el derecho al disfrute pleno de la ciudad. Si bien, se puede deducir
que Brundtland influyó determinantemente
en la concepción de sostenibilidad, el sumak kawsay o buen vivir ha tratado de
ser la conexión intercultural con este concepto, basado en la mentalidad andina
y en su relación no agresiva con el entorno.
Sin
embargo, desde la gestación del enunciado hasta su materialización y
plasmación, pueden suceder muchas décadas, y más cuando las instituciones
académicas aparecen yertas en su capacidad de analizar las contradicciones de
las propuestas arquitectónicas y urbanísticas que incluso están vinculadas a
espacios de la memoria histórica y social.
Y visto
desde la historia de la mentalidad, el Teatro Bolívar y la Casona Universitaria
responden a un estilo neoclásico aún entendible en el contexto del ¨Estado Homogenizante¨ de la época en el
que se los construyó, que en este caso sucede desde la segunda década del siglo
XX.
Se sabe a
través del estudio de la historia que el neo-romano y el neo-griego servían
para enaltecer la figura del emperador, y siendo así ¿qué sentido tendría en
plena vigencia del estado intercultural replicar valores estéticos de otro
momento cultural e histórico, tan lejano a nuestras pertenencias identitarias?
Este tipo
de propuestas historicistas y eurocentristas en el caso del Patrimonio
Universitario (limitadas, pues no se centran siquiera en el sistema
constructivo tradicional u objeto de patrimonialización de este inmueble)
encubren serias falencias conceptuales en el plano de la historia y teoría de
la arquitectura, para un contexto que nos exige dejar el concepto de ¨cultura¨
como una apología a las bellas artes o al concepto tyloriano.
El hecho de
nombrar ¨Plaza de la Cultura¨ a una reminiscencia historicista centrada en la
matriz europea de la cultura renacentista, pone de manifiesto el
desconocimiento total de la composición cultural y étnica diversa existente en
el país; es decir, existe continuismo en la negación a la necesidad de hablar
de culturas en plural y de lo intercultural, de buscar una expresividad arquitectónica en los
elementos y características del
territorio, y en los criterios de
sostenibilidad.
Por ello, esta crítica pretende indicar que las obras arquitectónicas en espacios patrimoniales, e incluso su intervención de transgresión en este caso, sigue gestándose desde el esquema del colonizar el imaginario y negar la posibilidad de participación ciudadana en la toma de decisiones de la planificación urbana, así como mantener sesgos culturales históricamente ligados a la concepción eurocéntrica del mundo… ¿Cuándo es que nuestra arquitectura contemporánea alcanzará una expresividad propia y cuándo dejaremos los moldes e implantes culturales que hacen que sesguemos el espacio público y que invisibilicemos nuestra diversidad en los espacios proyectados en nuestra propia ciudad?
Por ello, esta crítica pretende indicar que las obras arquitectónicas en espacios patrimoniales, e incluso su intervención de transgresión en este caso, sigue gestándose desde el esquema del colonizar el imaginario y negar la posibilidad de participación ciudadana en la toma de decisiones de la planificación urbana, así como mantener sesgos culturales históricamente ligados a la concepción eurocéntrica del mundo… ¿Cuándo es que nuestra arquitectura contemporánea alcanzará una expresividad propia y cuándo dejaremos los moldes e implantes culturales que hacen que sesguemos el espacio público y que invisibilicemos nuestra diversidad en los espacios proyectados en nuestra propia ciudad?
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Redacción DirCom, abril 2016
RVV/.
